La extranjera

LA EXTRANJERA por Beatriz Amarante

(De la Serie Cuentos desde la Santa Cruz)

Ventrix la miraba, un solo ojo en la frente y la boca cosida, álamo enano que la nieve soberana permitiera crecer.
Abandonado cuando se fatigó de tanto fatigar, se sostenía de los sobrevivientes racimos del calafate.
Alcanzaba un murmullo oscuro a través de las costuras de los labios y descolgaba babeantes rezos.
Una vez más estaba ahí, círculos emblemáticos en la piel y todo el viento áspero del oeste patagónico adherido en sus propios mocos, para recordarle que era extranjera y no tenía derecho.
Adornado con matasnegras, esta vez intentó algo más que rezos a baja voz.
Dirigió el ojo a las piernas de la extranjera y gimió.
Ventrix, hijo desconocido de” Noshtix”*.
Ese era el nombre que le diera la extranjera.
Inutil sería para ella la búsqueda del cayado dentro de la señal de la Santa Cruz.
Insensible a las llagas que la mujer abrió en los ripios y la escarcha endurecida en su cabello, Ventrix alentaba hostil la curva que el viento le tatuara en la espalda.
Se le aparecía con un susurro de oraciones si aquella detenía el automóvil al costado de la Ruta 3, afuera de Río Gallegos.
A la hora que el día se continúa en la noche.
A la hora en que la ciudad se desdobla en prefijado ritual.
A la hora que la furia doméstica espía a las casas de tolerancia.
A la hora que los odios conspiran políticos con guiños de luces y el rico sueña despierto en La Ría en hacerse más rico.
A la hora en que el pobre duerme su vergúenza en la mesa del amigo del Barrio Belgrano.
La extranjera habría traído gritos silenciados de culpas ajenas y una penitente mirada alrededor de los bares de la ciudad, en el alisado centro, en el maquillaje intenso de la periferia.
Sabe cuál es la hora preferida de Ventrix, la hora en que no perdona aunque deslice vana la lengua por la boca semiamordazada para exterminar con un beso perverso su xenofobia.
Ventrix, un solo ojo obcecado en la frente dirige los rezos hacia las piernas de la mujer para que se vaya.
Es extranjera y no tiene derecho y gime y no cesa de pedir.
Para que sus dioses le arranquen los párpados desgastados con flechas encendidas de codiciado “Iaik”,** “Noshtix” la desangre antes del amanecer,le transforme hasta la última saliva en lluvia.
Y reza.
Para que su poderoso Dios le quiebre el bastón de peregrina y el mundo no se entere que fue una extranjera la que le diera el único nombre que lleva: Ventrix y que los dioses tehuelches, indiferentes, renegaron de él……

*Noshtix: Gigante legendario tehuelche.-** Iaik:Fuego en lenguaje tehuelche

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