BEBERTE…

 

 

 

I

 

 Amanecía…, el cielo comenzaba a iluminarse con los nacientes rayos del sol, todo señalaba el comienzo de un precioso día, un día azul. Las aves, con su trinar y su desorientado vuelo aún, anunciaban que era ya el momento de incorporarse al batallar de día a día. Las flores bostezaban perezosas exhalando su aliento perfumado y disfrutaban del frescor de las gotas de rocío que yacían en sus pétalos. Un lindo día está naciendo…El verde contrastante del follaje invitaba a un paseo matinal, las mariposas ya revoloteaban indecisas escogiendo la flor adecuada para  comenzar su danza, un lindo día había nacido.

 De momento, todo comenzó a cambiar, se fue perdiendo la luz, una densa nube gris, casi negra, cubrió con su manto el cielo, la oscuridad se hizo más y más densa, todo quedo sumido en tinieblas, cuando de pronto una bola de fuego descendió a una velocidad vertiginosa  sobre la tierra y….. ya no se supo nada más.

Cuando desperté… no sabía dónde estaba; mis ojos, cegados por una luz intensa, no podían abrirse y definir la situación y el lugar en que me encontraba. Al tratar de incorporarme, pude entender que estaba tendida en un vasto lecho de arena. El calor me ahogaba, y mi piel ardía; un esfuerzo más, me incorporo y logro divisar un vacío amarillo  alrededor. Al parecer estoy en medio de un desierto, y por el ardor y el calor que emano, me doy cuenta que he estado expuesta al sol, unas horas, quizás muchas… tal vez días.

Me siento deshidratada, y un fuego abrasador recorre mi cuerpo. Trato de incorporarme y no puedo, no tengo fuerzas, no veo, voy a morir y me resigno a eso, quiero luchar… debo luchar, pero no puedo… Sería mi mejor si me abandonara a mi suerte, es más cómodo, no quiero agotarme en vano, si realmente no hay una salida. Me dejo caer y solo deseo despertar de una vez de este mal sueño, o mejor… no despertar nunca más… cuando percibo un murmullo casi imperceptible, una voz se va haciendo más audible cada vez, y logro entender lo que me dice…

 SOLO EL QUE AMA Y DESEA SER AMADO SABRÁ ENCONTRAR EL AGUA, ÚNICA FUENTE INAGOTABLE DE VIDA…. Y SOBREVIVIRÁ

Agua… sol… fuente de vida… calor…. amor… fuego… sol… agua… ag… no escucho nada más, no quiero escuchar, cierro los ojos, quiero morir… ¿Dónde voy a encontrar agua? ¿Para qué soñar?

II

 

 Despierto nuevamente. Ha transcurrido ya no sé cuánto tiempo. ¡Ja jajaja!, estoy viva. Fue un sueño, sólo un sueño… te vas a morir el día designado, el día que te toque… y parece que no es precisamente hoy.

Trato de reconocer mi lecho arenoso, pero no hay arena, abro despacio mis ojos para cuidarme de la potente luz del sol, pero todo está oscuro. ¡Jajaja!… estoy viva, nunca estuve en el desierto, sigo palpando a mi alrededor, y mi antes lecho de arena ahora en un lecho duro de piedras y escombros, estoy en un lugar desconocido, aunque ya me parece haber estado aquí antes, estoy en una ciudad desconocida, pero que me resulta muy familiar. Todo, absolutamente todo está en ruinas, busco con la mirada algún vestigio de vida, de luz, pero no distingo nada. La misma soledad y silencio del desierto. Es como si se hubiese extinguido la vida sobre la tierra, no hay casas, ni edificios, ni plantas ni flores, ni aves. No hay absolutamente nada, solo un silencio abismal y una oscuridad absoluta. Trato de incorporarme pero  las fuerzas me abandonan nuevamente. El dolor y el ardor en la piel, me quieren demostrar que no ha sido un sueño, tengo quemaduras en todo mi cuerpo, y la sed me abrasa, mis labios están resecos y mi garganta clama por un poco de agua… ahora recuerdo, mi último deseo fue… y es… un poco de agua.

Me incorporo con mucho esfuerzo y trato de adaptar mi vista a la oscuridad reinante: veo algo, las cosas a mi alrededor comienzan a definirse en su verdadera dimensión, todo es ruina alrededor… pero… espera… hay algo, una escalera alta y una débil luz que se filtra debajo de una puerta… Vida… Alguien puede estar allí… Tengo que llegar, no sé cómo, pero tengo que llegar; no podré, está muy alta la puerta, pero ¿que tal  si descubro allí la salida para salir de este infierno?, ¿y si fuera la puerta de salida de mi propio sueño? Tengo que llegar, tengo que llegar, y llegaré, al menos lo intento.

Me arrastro y con mucho trabajo  logro ascender cada escalón,  pedazos de mi piel van quedando como huella tras el enorme esfuerzo que hago para lograr el ascenso. Faltan 3, 2, 1, el último, no puedo, solo falta uno, que lejos se me hace. No puedo más, tengo que descansar, pero no puedo darme ese lujo, ya descansé bastante mientras estuve no sé dónde. Me duelen las piernas, en la subida me he desgarrado la piel de mis rodillas el dolor ya se hace latente. Hago un último esfuerzo y logro empujar con mi cuerpo la puerta. Esta cerrada, un empujón más, otro más, está cediendo….al fin, es el fin de esta pesadilla, pero…

III

 

Una pequeña y sencilla habitación se abre a mi vista. Logro distinguir una débil luz sobre una mesilla en un rincón, y me arrastro a ella sacando fuerzas de donde ya no hay. Poco a poco, la visión se va haciendo más clara y logro distinguir que la débil luz, sale de la pantalla encendida de un ordenador. Me acerco más, y arrastrarme se hace cada vez más difícil, y logro divisar con mucho esfuerzo  una imagen, pero no defino nada… es una silueta… noooooo, es la imagen de un rostro… ¿de un rostro de mujer? Es el cuerpo y el rostro de una mujer… no lo sé, no se definen los  contornos, no alcanzo a ver más allá, no defino absolutamente nada. Sigo recorriendo con mi vista, en busca de algo interesante que me indique que este mundo en el que me encuentro ahora existe realmente… ¿o es un espejismo como los anteriores? Espera…  una cama, hay una cama, trato de incorporarme, pero no lo logro. Agua, agua, solo un poco de agua, es lo único que quiero. Mi garganta está seca, mi piel se despedaza, la cabeza me duele y todo da vueltas a mi alrededor. Ya no tengo saliva y apenas puedo tragar. Agua por Dios, es lo que deseo.

Sigo buscando algo, ya ni sé qué busco, escudriño cada rincón, nada, no encuentro nada, solo la cama y la luz e imagen aún sin nitidez, en la azul pantalla. No tengo fuerzas, no encuentro nada, solo está la cama… pues si hay una cama, al menos mi descanso final será más mullido, y mucho más cómodo, que los lechos anteriores. Me dejaré caer, quiero soñar, quiero dormir y no despertar, quiero agua. Ya el delirio comienza a aparecer…

IV

 

 Trato de acomodarme, para así poner fin a todo, quiero estar cómoda para esperar con decoro mi  final. Pero cuidado,  debo adoptar una postura elegante, para cuando me encuentren, no me vean tan deteriorada, a ver tengo que encontrar  la posición idónea, que no me duela tanto la piel, así es mejor, que se vean mis piernas, o tal vez mejor una inclinación del cuello para ser más sensual… mis brazos, ¡uf!… me duelen, no sé cómo colocarlos, déjame ver… uno sobre la cabeza, y el otro… ¿Dónde lo coloco?, sobre mis caderas… no así no. ¡Ay!, me duele… mejor lo estiro como por descuido, a ver así está mejor, así me gusta más, así… ¡¡uy!!

Algo frió y húmedo me roza. Me asusto. Estiro mi mano y palpo, tratando de definir con qué he tropezado. Mis manos recorren el espacio ocupado  y… ¡es un cuerpo! ¡Mi Dios, es un cuerpo!, sigo palpando… sí, es un cuerpo, estoy segura, déjame ve…. ¡uy!, sí, no me cabe duda. Por la dimensión del pecho… y los vellos… es un cuerpo de… ¿hombre? un cuerpo de hombre… desnudo… que, por demás, está mojado… Sí, está mojado… entonces significa que hay agua cerca, o al menos él tuvo el privilegio de usar y disfrutar… de  agua.

Me incorporo asustada de un solo golpe, y un cuerpo de hombre desnudo admiro. Su piel, lozana y fresca, muestra gotas de agua por doquier. ¿Esta muerto? No… déjame ver… su tórax se mueve, señal que está respirando. Entonces… ¡está vivo… está dormido!

¿Qué hago? ¿Me voy? Me voy, pero… ¿y adonde? ¿Con qué fuerza? ¿Quién es? Esta muy bien… ¿quién será…? ¡Calla!, eso es lo que menos me interesa ahora.  ¡Uy!  ¿Quién será? Shhhhhhhhh, calla, pero… ¿y si despierta? Su piel fresca y mojada hace que me detenga a observarlo detenidamente,  mi vista, empañada y débil, se extasía observando ese cuerpo de macho, viril, masculino en potencia. Hermoso cuerpo, y además… desnudo… mmmmmmm… y, por demás…. mojado.

Agua… humedad, sólo eso lo que necesito….

Acerco mis labios, rozo la piel de su vientre, y sorbo las gotas de agua que puedo rescatar. ¡Uy! Que delicia, pero no me sirven de nada, mi sed arrecia. Agua es lo que deseo. Miro detenidamente y observo sus piernas entreabiertas, y veo que están más mojadas que el resto del cuerpo. No lo pienso más. Comienzo a lamer, sus pies, sus tobillos y piernas desesperadamente, tratando de absorber  cada gota de agua que encuentro en el camino. No es mucho, pero es algo y, si lo pienso bien, hay un largo cuerpo por recorrer. Pero es tanta la sed que tengo, que las gotas de agua solo se quedan en mis labios y no llegan jamás a mi garganta.

Siento que las fuerzas pueden volver, porque mi vista se aclara mucho más, y diviso su vientre y su ombligo que se me presenta como un pequeño pozo donde se ha depositado, como una copa, miligramos del preciado liquido. Me inclino a él y sorbo lo que se me da, que no es mucho, pero descubro que si sigo recorriendo este cuerpo, puedo al fin vencer el deseo de calmar mi sed.

Sigo ascendiendo trazando con mi lengua el camino de regreso al pozo, y atravesando su pecho me detengo a jugar con sus tetillas. Es gracioso, se yerguen… y  me gusta, pero no es momento para deleitarme en eso ahora, al menos por el momento. Cuidado, puede despertar. Debo llegar a sus hombros, porque he divisado dos pequeñas hondonadas en ambas clavículas, que empozan de igual manera, pero en cantidad mayor el agua que necesito.

Me la bebo desesperadamente toda. ¿Y porque no? Tengo que seguir descubriendo más pozos. No me basta la cantidad que he encontrado. Es mucha la sed y poca  la oferta. Rozo sus labios, pero  están secos. No aquí no. Debo seguir. Me detengo en sus oídos e introduzco la punta de mi lengua… y descubro que sí, hay algo. Hay agua, solo que así no puedo tomar nada, entonces opto por succionar despacio y absorber lentamente y un hilo fino del liquido comienza a emanar cual manantial, pero se seca rápidamente. Vuelvo a absorber, solo que ahora emito un leve quejido de placer por encontrar la gruta que esconde este manantial  y… ¡Que sorpresa!,  el agua comienza a fluir como si hubiese encontrado al fin la llave de una fuente…

V

 

 Tomo aire, debo disfrutar, no quiero que se agote y me detengo a meditar cual es el misterio. Reflexiono y claro!!!!… si emito  algún quejido, pues se estimula el caudal, y si…

Entreabres los ojos y te mueves despacio. Me quedo inerte, porque temo despertarte, y no quiero perder la oportunidad de BEBERTE, y así poder volver a la vida.

Eres la única esperanza que tengo de sobrevivir, y no voy a permitir que escapes. Así que con extremo cuidado estudio de qué  manera, puedo extraer de ti el agua que necesito, sin hacerte daño y tratar de no despertarte. Te miro detenidamente y mi sorpresa no es pequeña, cuando descubro que tu sexo se ha erguido, cual mástil de un velero. Observo y trato de acariciarlo, y se yergue cada vez más y más. No salgo de mi asombro, escudriño tu rostro, y estás tan calmado, relajado e inerte, que solo te delata que estás vivo, el despertar de tu miembro que cada vez se enerva más y se hace más tenso.

Para cerciorarme que no vas a despertar, sello cada ojo tuyo con un dulce beso, y lamo las gotitas de agua, que van prendidas a tus pestañas, y me doy cuenta que tu cuerpo responde a cada caricia. ¿Será que en tu letargo, tu cerebro es  capaz de procesar cada roce, cada lamido de mi lengua sobre tu piel, estando aún tú en estado semiinconsciente?

Observo detenidamente que de tu sexo comienza a emanar un delicado y fino riachuelo acuoso transparente, pero algo más viscoso, que el agua. No sé que es, pero por su estado líquido igual me puede servir, si no es agua, pues entonces de alguna forma la contiene.

Tomo tu sexo entre mis manos y comienzo a lamer, para recoger todo el fluir que emana. Es agua, pero dulce, me viene a la mente compararla con la dextrosa o algo así. De inmediato no sabría definir, pero me hace bien y siento que esta calmando mi sed. Poco a poco voy sintiendo, que la piel se me está restituyendo, y que estoy recuperando mis fuerzas, ya casi extinguidas. Lamo y lamo y me detengo a succionar el pequeño orificio, que se abre a mí, de donde fluye ese milagroso liquido, que aún no se que es, pero que me está recuperando.

Succiono por error, o por desesperación, y el fluir se hace mayor. Sigo succionando ahora de forma más desenfrenada y…

¡He descubierto el secreto! Succionar. ¡Eso es! ¡Esa es la clave, ese es el misterio!

No hay que lamer. Lo esencial es succionar. El manantial, comienza a hacerse más notable y a aumentar su caudal. Te mueves, te inquietas y tengo miedo que despiertes. Me  quedo estática, y en silencio entreabres los ojos, pero esta vez logras despertarte. Siento miedo. Te he despertado, y ahora… ¿que pasará?

He recuperado gran parte de mis fuerzas, pero no la suficiente para seguir camino. No puedo irme aún, no precisamente ahora. Necesito beberte un poco más, solo un poco más y será suficiente.

¡Acabas de descubrirme! Me miras fijamente, como tratando de adivinar quién soy y que hago allí junto a ti. Suavemente deslizas tus manos sobre mi pecho y me tocas. Mi piel aun arde, por las quemaduras aun latentes del sol, y reacciono mal  con un gesto de dolor. Con una delicadeza inusual me tocas el rostro  con el dorso de tu mano, y me recorres el cuello y la nuca, donde te apoyas y me acercas y atraes a ti, a tu boca y entonces, en ese instante, me besas.

Al rozar tus labios con los míos, el contacto de tus labios húmedos y el fluir de tu saliva hidrata mi boca, que como un rió se desliza a mi garganta. Trago. Trago sin parar. Tu lengua inquieta en mi boca me reconforta y le aporta un sabor dulce a la saliva que consumo, y me estimula a tragar más y más.

Al fin he encontrado la fuente de vida. Mi debilidad va cediendo y me estoy  haciendo fuerte, pero aun no puedo incorporarme del todo. Necesito más, mucho más.

Mi piel aun sigue marchita en algunas partes de mi cuerpo, y no se hidrata por más líquido que tomo. Algunas quemaduras van sanando, pero otras siguen en estado crítico. ¿Es que tengo que encontrar otro medio? ¿O es que quedaré así marcada para siempre? Siento que necesito succionar más y más. Siguiendo la huella de mi saliva tatuada en tu piel, recorro el camino de vuelta a tu sexo, para ver si noto alguna mejoría en las partes más afectadas de mi piel. Succiono una y otra vez, pero de forma más desenfrenada, pero ahora que estas despierto, no soportas y te estremeces violentamente. Te hace cosquillas, no sé, lo único que sé es que me hace falta BEBERTE todo.

Tu desesperación  aumenta, y me separas bruscamente. Me dejas saber con esta actitud que  no dejas ni quieres  que te beba más. Siento ganas de llorar, no lo puedo entender, si en ti está mi salvación… ¿por qué no me dejas seguir? No quiero ser la de antes, quiero terminar con mi recuperación, quiero restablecerme del todo. Al final no escogí estar así, ni escogí estar aquí, pero quiero subsistir, debo sobrevivir. Es más, no quiero morir, no puedo morir, y menos ahora. Quiero  y necesito vivir. No quieres que te beba, al menos eso interpreto, pero entonces… lentamente me incorporas sobre ti, y me colocas a horcajadas sobre tu vientre, tomando mi rostro entre tus grandes y delicadas manos, y me besas nuevamente, con un beso apasionado, y suave que de largo se hace eterno.

Tu sexo arde y se hincha, y me roza el mío, siento que trata de encontrar una puerta a  mi interior y entonces descubro que quiere penetrar en mi cuerpo. No entiendo que sucede, ahora no tengo la capacidad de pensar, solo siento que a cada minuto me hago más y más fuerte. Me colocas justo exacto sobre tu indomable miembro y mi entrada se abre, para permitirte el paso, y darte la bienvenida, cual si fueras el huésped que ha estado  esperando, durante muchísimo tiempo.

Me penetras hasta el mismísimo  nacimiento de ti… mmmmmm, uhhmmm… Me quejo… gimo… me duele… aunque es un dolor dulce y placentero a la vez. Las paredes de mi entrada se humedecen… o ¿ya estaban así desde antes? No lo sé. Siento que comienzo a volar, y despliego mis alas para alcanzar mi vuelo. Vuelo alto, ya nadie puede detenerme.

El ardor de mi piel va cediendo, y el dolor de mi cuerpo comienza a disminuir. Comienzas a estremecerte y a hacerme estremecer de placer, tus movimientos de forma pausada y suave de un comienzo, se van acelerando y  poco a poco va aumentando el ritmo y lo haces más violento.

Cada golpe de ti, dentro de mí, me hace revalorizarme, y me inyecta una dosis de energía que recibo cual carga magnética. Comienzas a agitarte más y más fuerte, y mis quejidos se escapan cada vez mas alto, y eso provoca que los espasmos de tu cuerpo sean mayores. El ritmo se acelera más y más, ya de forma imparable e indescriptible. Ya no hay nada que pueda poner freno a esta carrera de poder y placer. Ya nada puede detenernos en este vuelo. Hemos alcanzado la altura que queríamos y disfrutamos planeando juntos, hemos  conquistado el infinito espacio azul celeste que se nos presenta y que ya es nuestro. Mas fuerte, más, más…. ¡Más!

Miro tu rostro y descubro una contracción de dolor, de placer, de éxtasis… y siento que tu sexo dentro de mí ha explotado y ha roto las compuertas de un enorme embalse de agua que retenía y que, como un enorme caudal que ha roto su dique, corre todo dentro de mí. El agua hierve, sin embargo refresca todas mis entrañas. Éste era el fluido que necesitaban mis células para hidratarse, el agua que anhelaba mi cuerpo para recuperarse desde su interior.

VI

 

 Noto que mi piel recupera su color, mis heridas se han cerrado por el efecto misterioso del agua bendita. He recuperado la lozanía de antes, me siento fuerte…. muy fuerte… y ¡estoy sudando!

Me pruebo, no estoy salada. No es sudor lo que expulsan mis poros. Mi piel comienza a emanar pequeñas gotitas de agua y se hace húmeda,  al igual que tú, al instante de nuestro encuentro, cuando mi brazo te tropezó al azar.

VII

 

 He encontrado la fuente de vida, y he sabido beber de ella. Has sido capaz de inyectarme la dosis de vida que necesitaba. Ahora mi visión es perfecta y puedo ver y divisar, con una nitidez increíble, todo a mí alrededor… ahora distingo el rostro y el cuerpo de la mujer que proyecta la pantalla del ordenador. Me parece familiar, creo que la conozco. La miro fijamente… y descubro que soy yo.

 …SOLO EL QUE SEA CAPAZ DE AMAR Y SER AMADO SABRÁ ENCONTRAR EL AGUA… FUENTE INAGOTABLE DE VIDA… Y SOBREVIVIRÁ.

 EPILOGO

 El ruido de una linda mañana que comienza, me despierta. Tengo pereza, debo  levantarme para comenzar un nuevo día.  Las aves, con su trinar y su desorientado vuelo aún, anuncian que es ya el momento de incorporarse al batallar diario. Las flores, inquietas, ya se incorporan y exhalan su aliento perfumado, y disfrutan del frescor de las gotas de rocío que yace en sus pétalos. Un lindo día está naciendo… El verde contrastante del follaje invita a un paseo matinal. Los primeros rayos de sol, iluminan mi rostro y me hacen voltear mi cara… Y ahí estás tú, tal como te  encontré: dormido, húmedo, pero ahora abrazado a mi cuerpo desnudo, haciendo tuyo lo que ya no me pertenece…

El cielo comienza a iluminarse con los nacientes rayos del sol, todo señala el comienzo de un nuevo día, de un nuevo mundo… Nuestro mundo.

 Cary Elena Pando

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