Migajas de angustia y dolor

 

Sin título de La Pyty

( ©-©)

Hemos de desterrar para siempre la compasión para el pobre y el miedo a la globalización…


Estableciendo un dialogo intercultural entre los seres humanos , se puede llegar a tratar de crear un mundo globalizado donde los pobres sean un poco menos pobres, y los ricos sean un poco menos ricos: distribución equitativa de la riqueza.¿Para qué sirve tanta riqueza en nuestras manos?

Se extienden cuando hay en el mundo cuarenta multimillonarios que distribuyen migajas de angustia y dolor, y así, vemos morir, todos los días del año, miles y miles de niños que nacen, única y exclusivamente, para tener una muerte pronta, angustiosa y dura.

Nuestra cotidiana vida se está convirtiendo día a día en un creciente mundo de temores que nos amenazan: Miedo a morir, miedo al dolor, miedo a perder la cabeza… Son muchos miedos juntos que, según los expertos en la materia, erosionan nuestros cerebros terriblemente, y nos hacen pensar en la erosión que está sufriendo el ecosistema, la proliferación de las armas nucleares. El último caso al respecto lo está protagonizando Irán, que trata de conseguir, y lo conseguirá bombas nucleares de destrucción masiva. El terrorismo que corre por todo el Globo Terráqueo, la lucha para conseguir dinero y poder al precio que sea, tráfico y venta de órganos humanos sacados a cuchillos muertos de los cuerpos de inocentes criaturas raptadas o vendidas por sus propios padres.

Y a todo esto llamamos cultura, globalización, democracia, derechos humanos… Todos son miedos y mentiras

Y a todo esto llamamos cultura, globalización, democracia, derechos humanos… Todos son miedos y mentiras, todos son mentiras y miedos que marchan unidas en un perfecto engranaje que nadie sabe a dónde nos conducirá. Son el bien y el mal juntos, hermanados, que se dan la mano para pasear por estos mundos de Dios, y que siembran de crespones negros, a modo de agujeros, la geografía universal. Quizá estemos ciegos de soberbia, quizá hemos olvidados derramar lágrimas vírgenes, quizá vamos encarando un mundo sin control ni norma alguna bajo el signo de los políticos corruptos. Y es que la enfermedad nadie la desea, así como nadie desea la muerte. Más todos sabemos que esta última alguna vez ha de llegar. Incluso no hemos de descartar el caso concreto de que “el miedo a la muerte” nos puede producir un sufrimiento tan intenso e insoportable, que el último nos puede conducir al suicidio.

La sociedad actual ha de saber conllevar los dolores físico y psíquico, que son innatos a nuestra naturaleza humana y mortal. Entendemos perfectamente que la depresión, la ansiedad, los miedos…nos han de acompañar a lo largo de nuestra corta o larga existencia, mal que nos pese.

Partiendo de la base de que “la violencia engendra violencia”, y ésta se viene acrecentando en todos los ámbitos de nuestra cotidiana vida, nos está acompañando–diría yo–, de temores o miedos a procesos que, buscando nuevas normas de adaptación a cambios sociales en nuestra actual sociedad de convivencia, son necesarios asumir como naturales en las culturas de los pueblos o grupos sociales, insisto: hemos de asumir que deben existir miedos y temores–miedo a morir, miedo a perder la cabeza, miedo al sufrimiento, miedo al dolor, miedo a la enfermedad (cáncer, sida, esclerosis múltiple, etc.)…

Son muchos miedos juntos. Estos condicionan nuestras normas de convivencia y respecto hacia las personas y cosas que existen en nuestro entorno, pero se deben superar a lo largo de nuestra vida mediante sistemas de educación escolar–aprobados por ley–, que fortalezcan la autoridad del profesor en clase, y, claro está, la convivencia pacífica entre los alumnos. Y ahora, por si fuera poco todo esto, estamos cogiendo miedo a la agresividad que se está fomentando en nuestras aulas.

Hemos de asumir que deben existir miedos y temores
El principio de autoridad de los profesores –que siempre existió en las escuelas de primera enseñanza–está tirado por los suelos, y los alumnos lo saben. Aquéllos–trabajando y enseñando–sirven de valladar entre los muchachos/as y sus respectivos padres, pero ganando el pan nuestro de cada con su salario, que hemos de procurar que no llegue a convertirse en el salario de y por miedo.
  

¡Hoy tengo un mal día! ¡Todo lo veo negro! ¡Me duele el corazón!, solemos decir, como si dicha víscera muscular fuera capaz de detectar dolores. Dentro de estas afirmaciones y otras similares llevamos inserto un mundo de miedos (fobias, muchas veces): miedo al amor, al infarto de miocardio, al cáncer, al SIDA (Síndrome de Inmune-Deficiencia Adquirida), miedo a perder la cabeza, miedo al sufrimiento, miedo al dolor. Todos estos temores que nos amenazan–en los prolegómenos del siglo XXI–al mismo tiempo, nos conducen inevitablemente al gran miedo que todos llevamos dentro: nuestro miedo a la muerte.

La sociedad que nos ha tocado vivir tampoco nos ayuda precisamente a superar estas barreras del intelecto. Pensamos y actuamos, como seres humanos que somos. Y es que la panorámica mundial es problemática: guerras fratricidas, violación de mujeres–con resultado final de muerte– y sus derechos, malos tratos psíquicos y físicos a menores, detención ilegal de menores…que desaparecen para siempre, etc.

La Coruña, 3 de febrero de 2010

Mariano Cabrero es escritor

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Converso con mi pensamiento, y él me dice: “¿Para qué sirve tanta riqueza en nuestras manos?” Si la riqueza fomenta compasión, uno desea ser pobre; si la pobreza genera odio, uno desea ser rico. Y es que el hombre es insaciable en cuanto a la posesión de riquezas (por bienes terrenales). “El dinero es como el abono que se echa a la tierra: de nada sirve si no se extiende”, dejó escrito Francis_Bacon (pintor).

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